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sábado, 12 de septiembre de 2015

A que se debe el dolor de la Fibromialgia





Uno de los dolores mas desconcertantes es el de la Fibromialgia ya que si bien quien la padece percibe un dolor muy intenso, no hay ningún estudio que pueda decir porque ocurre o a que se debe.


El síntoma más característico de la Fibromialgia es el dolor, si bien este suele ser generalizado, es posible que predomine en una región anatómica, como es el caso de la columna cervical o lumbar.  

Lo que diferencia el dolor en la Fibromialgia del dolor originado por otras causas es el hecho de que el paciente percibe dolor ante estímulos que normalmente no son dolorosos y además de ello la sensación de dolor persiste en el tiempo a pesar de que este estímulo haya cesado.



¿Cuál es la causa del dolor en personas con FIbromialgia?


El origen de este dolor se encuentra en alteraciones en las estructuras del sistema nervioso relacionadas con la conducción de los estímulos dolorosos desde su sitio de origen al cerebro, por alguna razón la señal dolorosa se magnifica dando origen a un dolor crónico.

En este sentido se ha evidenciado una serie de cambios en la química cerebral de las personas que padecen Fibromialgia capaces de afectar la percepción de las señales dolorosas como es el caso del aumento en los niveles de Sustancia P y la disminución en la producción de sustancias como la Hormona de Crecimiento y Serotonina.

Uno de los mecanismos involucrados en estos cambios es la llamada “Sensibilización”, en donde las señales dolorosas activan los circuitos del dolor a nivel del sistema nervioso periférico, médula espinal y cerebro de forma desproporcionada involucrando además áreas del sistema nervioso relacionadas con los sentimientos, las emociones y los pensamientos. 

En los pacientes que padecen fenómenos de sensibilización un estimulo desencadena dolor de magnitud desproporcionada, el dolor además se extiende a zonas más extensas e incluso se proyecta a zonas alejadas del problema. 

En condiciones normales esto no ocurre ya que el sistema nervioso es capaz de poner fin a la señal dolorosa limitando la sensación dolorosa, este mecanismo no funciona adecuadamente en personas con Fibromialgia y muchos otros tipos de dolor crónico. 

Para que ocurra el fenómeno de sensibilización es necesario un daño inicial como una lesión en el sistema musculo esquelético que origine información dolorosa que va a llevar a la creación de una “memoria de dolor”, el cerebro retiene esa información y la activa como mecanismo de defensa a nuevas lesiones, lo que se traduce en hipersensibilidad a los estímulos dolorosos, es algo así como una alerta permanente que a la larga resulta incapacitante.


El conocimiento de estos mecanismos que llevan a la sensibilización sustenta el uso de tratamiento orientado a los aspectos cognitivos del dolor, los cambios de percepción que se tienen del mismo y la reprogramación del sistema nervioso esa alarma y desactivar esos mecanismos de defensa. Todo esto en integración al tratamiento de los demás aspectos que conforman el cuadro clínico de la Fibromialgia.

Por esta razón los analgésicos, antiinflamatorios y calmantes no son efectivos en Fibromialgia, el tratamiento más bien se orienta al uso de medicamentos que actúen sobre la transmisión de impulsos nerviosos a nivel del sistema nervioso.
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lunes, 7 de septiembre de 2015

¿Cómo vive usted su dolor?





El dolor crónico se diferencia del dolor agudo no solo en su duración, sino en el hecho de que deja de ser un síntoma para convertirse en una enfermedad, que podrá afectar en mayor o menor grado a quien lo padezca de acuerdo con la forma en que cada quien decida vivir su dolor.


El dolor es algo que probablemente usted no sepa definir pero con seguridad si sabe cómo se “siente”. Tener dolor es algo que para muchos ocurre de forma accidental, episódica o circunstancial, pero para otros va más allá de eso, se trata de un molesto compañero, demasiado constante y tenaz del que no resulta fácil deshacerse.

Algo interesante a la hora de trabajar con personas afectadas por dolor crónico, ese que se queda y persiste por meses o incluso años, es que en ocasiones médico y paciente no van por el mismo camino ni tienen los mismos objetivos.

El médico piensa en las consecuencias para la salud tanto del dolor en si como de la medicación que está prescribiendo para tratarlo, en el plan de tratamiento y en las otras medidas que debe incorporar como la dieta, el ejercicio y la rehabilitación.

Los objetivos del paciente van transformándose con el paso del tiempo, al principio es librarse del dolor, luego aliviarse, por ultimo poder saber quién se hará cargo de él, como afrontara los problemas de salud en adelante sin llegar a ser una carga para los hijos, los padres, la pareja o el núcleo familiar cercano.

Tener dolor lleva a enfrentarse a una situación en donde prevalece la incertidumbre, muchos pacientes son capaces de sobrellevarla e incluso puede decirse que hacen las paces con su dolor y conviven con él; aprenden a sobrellevar los días malos y a disfrutar los días buenos, ya que por suerte el dolor crónico muchas veces es fluctuante y pareciera que de vez en cuando se toma un descanso.

Otros pacientes se desmoronan, no logran aprender a llevar su dolor y por lo tanto este le resulta más molesto, más pesado y más insoportable.  Se trata de personas que caen en situaciones de ansiedad y depresión que los sumen en una profunda desesperanza que hace más difícil poder ayudarlos.

La forma en que cada persona “vive su dolor” es única y depende de un compendio de factores que van desde la estructura de personalidad, entorno laboral y familiar, situación socioeconómica, satisfacción personal, autoestima, entre muchos otros.  En manos del equipo de salud se encuentra identificar el momento oportuno para brindar apoyo psicológico y emocional, que si bien no sustituye a los fármacos y terapias, muchas veces los ayudan a ser más efectivos.

A fin de cuentas lo importante es ayudar a que la persona con dolor pueda vivir de la mejor manera posible, enseñarles que aunque el dolor no desparezca es posible que no sea percibido como algo tan molesto y que puede tenerse una buena calidad de vida a pesar de tener una condición incurable, lo cual no es lo mismo ni remotamente se parece a la condena  que reciben por parte de colegas médicos que los han visto previamente de que “deben acostumbrarse a vivir con dolor”, dictamen que se relatan con tristeza y angustia en la consulta.